En la Costa norte del Perú, en la provincia de Huacabamba (Piura), rodeada de las lagunas
encantadas de las Huaringas, se encuentra el centro más importante del curanderismo
peruano. Los brujos o chamanes, en oníricos rituales, toman un brebaje hecho a base del
cactus San Pedro que contiene mezcalina, y con ello tienen viajes astrales con los cuales ven
cuál es el daño del paciente. Los brujos tienen pactos con las lagunas y los cerros, y utilizan
su poder para cumplir los pedidos de sus visitantes: unir y desunir parejas, traer suerte en los
negocios o curar enfermedades desconocidas.
Amparados en la oscuridad de la noche, realizan los rituales dentro de sus casas, lugares para
siempre lúgubres, utilizando objetos como espadas de plata y bronce, diversas hierbas o
recuerdos de antepasados muertos. Mucha gente llega a este lugar remoto desde otros países,
o viaja desde la selva o la sierra del Perú para encontrar solución a sus problemas o cumplir un
poderoso deseo. El hecho de que la mayoría regresa agradecida, indica que sus deseos se han
hecho realidad.